jueves, diciembre 01, 2005

ARRULLO

Estás aquí y aún no puedo creerlo.¡ Cuánto tiempo, cuántas noches soñando con nuestro encuentro!
Imaginaba tu carita, tus ojitos abiertos al mundo como presintiendo mil maravillas...
Tus ojitos... que me miran como si yo fuera un ángel, y tú, toda pureza, toda inocencia en tus pupilas claras...
Me sonríes y mi corazón se derrite de ternura...¡ Cómo expresar la emoción que me embarga al ver la alegría que refleja tu semblante cuando me miras e ilumina tu carita una sonrisa!
¿También esperabas con ansia nuestro encuentro? ¿También me escuchabas y me hablabas desde lejos?
Valió la pena la espera¿No es cierto? Porque nuestro encuentro será para siempre. Nunca nada nos separará ni romperá el dulce y hermoso vínculo entre nosotras.
Por fin llegaste, has nacido para mí y para estar siempre juntas; estás aquí y te adoro, hijita mía.

RECUENTO FINAL


Rutina. El fantasma de un hastío que va a matando sin dolor, que envenena el alma poco a poco hasta acabar con todo aquello que nos hace vibrar, sentirnos vivos.
¿ Me quieres?... Sí, te quiero... Es el ritual que se repite día a día, hasta que no tiene sentido la palabra. Hasta que el sol ya no calienta ni ilumina el corazón adormecido. Vida entre brumas, perdido el norte, la dirección y el sentimiento...
Amor...¡ Cuantas desdichas causadas en tu nombre! Por amor quise, perdoné, necesité; amor de hogar, amor de dar... y de sembrar sin cosechar en el vacío de tu alma.
El fin. Ya sin dolor, sin ni siquiera sentirme herida. Solo me queda el aceptar, reconocer que ya no hay más, que la costumbre nos mató, que la seguridad de nuestro amor solo era un sueño, nada más.
Adios. La primavera me llama con sus luces y siento un fuego que me quema aquí en las venas; mi sangre, fría un día como frías tus caricias, circula por mi cuerpo nuevamente y le da vida a mi muerto corazón.

GAETE

... Con mano vacilante dejó el vaso sobre la mesa, bañada ya por el derrame de muchas copas anteriores, del cenicero repleto de colillas tomó un cigarro a medio fumar y aspiró lentamente, intentando recordar algo que sabía importante, pero la bruma de la embriaguez oscurecía su memoria, dejándole solo retazaos, imágenes aisladas de lugares y situaciones ya muy lejanas.
Volvió a tomar el vaso y con un sorbo largo apuró el resto el brebaje que contenía, sintiendo como el quemante licor bajaba por sus entrañas dejándole una falsa sensación de bienestar, que por un momento compensó el profundo sentimiento de vacío que le embargaba.
preo, ¿Por qué se sentía tan mal, tan sólo?¿Por qué sentía ese vacío tan hondo, tan grande y terrible?
Sabía la respuesta, pero su mente embrutecida se negaba a entregársela...
- ¡Hola pos flaco!¿Cómo estai?...
La aguda voz de una mujer elevándose por sobre el estruendo de la música lo sacó de su abstracción; por entre los párpados pesados por el alcohol reconoció a una amiga, de esas leales compañeras de jaranas y trasnoches que salían con él, e intentó levantarse para saludarla, pero su cuerpo alcoholizado lo traicionó, haciéndolo tambalear hasta casi caer.
- ¡Puchas que esti mal, flaco! Parece que pasaste de largo otra vez. Pero no te preocupís ¿Sabís? me conseguí una cosita "manjar de los dioses" que te va a dejar paraíto... Parece que te está haciendo falta un "guaracazo"... Toma...
...Ansiosamente se dejó llevar por una costumbre ya antigua y extendió la mano para recibir la droga que necesitaba... Aspiró fuerte...No estaba mal...
su cuerpo enviciado de adicto absorbió el veneno que lo minaba lentamente con la misma rapidéz con que el suelo yermo y reseco del desierto absorbe el agua que le da vida...Sintió como se alejaban sus problemas e incorporándose y con voz más firme llamó:
-¡Mozo! Dos tragos, uno para mi mejor amiga y otro para mí, porque pa que veái todavía queda en este mundo gente que lo quiere a uno... ¡ Esta sí que es mi amiga!
Y sentándose nuevamente volvió a su eterno monólogo sobre las cualidades de la coca, como hacía cada día, cada noche (desde queElla lo dejó con su libertad y se fue) pasando así las horas muertas que lo acercaban a su triste y anunciado final, mientras la música en el bar dejaba oir a Redolés que repetía:
"Quién mató a Gaete,el copete, el copete; quién mató a Gaete, el carrete, el carrete..."

HISTORIA DE UN CHORO



Despertaba el día. Los ruidos de la calle poco a poco se hacían sentir en la habitación, obscura por el humo de los cigarrillos, iluminada a medias por una ampolleta sucia que colgaba desde el techo.
Sentado ante una mesa, el hombre despaciosamente afilaba su cuchillo, mientras por su mente discurrían pensamientos turbios, como su vida entera...
¡Qué se creía el desgraciado! Venir a levantarle la voz, delante de todo el mundo, como si él no fuera el famoso “Loco García”, el terror del Puerto...
Su fama ganada a pulso, a golpes y cuchilladas, exigía mantenerla a costa de sangre, y no precisamente de la suya...
Se levantó de la silla y acercándose a la ventana, rebuscó en sus bolsillos el último cigarrillo trasnochado, cogió una cerilla y lo encendió, aspirando profundamente el acre humo barato...
...¡Y todo por la ex pierna del “Pelao”!, la puta que se vino a enredar con un “flaite” al que no conocía nadie, que no tenía ningún “cartel” que lo avalara, al increpó por la audacia de aparecerse con ella en sus dominios... no podía hacer menos por su compadre, su hermano...
Se acercó a la mesa nuevamente y de un pequeño paquete sacó una porción de droga; con una tarjeta tan ajada como su vida la alineó y con la ayuda de una bombilla aspiró hasta el fondo, sintiéndose despierto y consciente una vez más.
Desde el jergón que ampulosamente llamaba cama surgió la voz soñolienta de la mujer preguntando que pasaba.
— ¡Y a vos que te importa, andai sapeando siempre! ¡Duérmete nomás y deja que yo me las arregle solito! , respondió iracundo.
Bebió un sorbo del licor que quedaba en un sucio vaso sobre la mesa, y miró nuevamente la hora... ya debía estar saliendo la gente del clandestino, era tiempo de actuar, de defender su cartel de guapo delante de todos.
Se enfundó en una chaqueta que le embozaba el rostro, ocultó el cuchillo en la cintura, por la espalda y abandonó la pieza, haciendo oídos sordos a las quejas de su mujer, bajando rápidamente las antiguas y crujientes escaleras del cité.
El aire frío le golpeó el rostro como un castigo al llegar a la calle, mientras entornaba los ojos para acostumbrarlos a la claridad que aumentaba por momentos; orientándose brevemente, caminó hacia el lugar desde donde sabía que aparecería el insolente...
De una vieja puerta entornada surgía un rumor de voces que se acercaba, ahí venían... por costumbre se persignó, por si acaso, no fuera cosa que las cosas no salieran como debían y se preparó, desabrochando la chaqueta para tener libertad de acción.
El grupo salio de la casona desvencijada y se encontró de golpe con él, destacándose entre ellos un hombre joven y fornido, que sin evidenciar temor le plantó cara:
— ¿Qué pasa compadre, algún problema? Mientras el resto retrocedía despejando el área del enfrentamiento...
— ¡A vos te busco poh! ¿Creís que me faltai el respeto y seguís tan campante?... Su voz áspera y agresiva hizo la primera finta de la inminente pelea... Su rival, despaciosamente, dijo:
— ¿De que hablai? Fuiste vos el que te metiste en cuestiones ajenas, el problema no es contigo...
Mientras el hombre hablaba, fruto de largos años de mañas, el “Loco García” sacó de entre sus ropas el cuchillo y se lanzó hacia él, sin percatarse de la finta con que rápidamente, como quien acostumbra a escabullirse, su enemigo hurtó el cuerpo, sacó un arma de fuego, y sin mirar donde apuntaba apretó el gatillo...
Por un momento el único sonido de la calle fue el eco reverberante del disparo, mientras el “Loco” lentamente se deslizaba hacia el suelo, agonizante, incrédulo, sintiendo la vida escaparse por la mortal herida inferida por el recién aparecido, que cortaba para siempre su carrera de choro del puerto.

TIEMPOS DE LUNA Y LUNAS




Era la hora de la nueva luna…las estrellas giraban silentes mientras se mecían en el nido del mar.
Como cada noche a esa hora la niña sintió la llamada, sugestiva, subliminal, y como hechizada abrió el balcón...
...Al otro lado de la ciudad, el joven notó el cambio en el murmullo del aire y buscó la urgencia de su nave para poder volar...
... a esa misma hora, sobre la altura, una sirena comenzó a cantar...
En un balcón perfumado de luna y cielo, una niña aguardaba ansiosa, sintiéndose etérea, ingrávida, plena de libertad, tan liviana que podría echarse a volar en cualquier instante...
...Mientras, plateada, ligera, el ave metálica llevaba en su vientre al joven borracho de sueños...



-¿Por qué lloras?... la súbita pregunta la sobresaltó...
-Por nada... dando la espalda a su esposo se afanó con el planchado.
-¿Está lista la cena?...
-Enseguida está en la mesa, la sirvo en cuanto bajen los niños...
Guardó las ropas aún tibias en el closet, secó una lágrima furtiva que colgaba en su pestaña y subió las escaleras hacia donde se hallaban los hijos...
En la habitación un estruendo que hacia retumbar las paredes le indicó que estaban allí, asomándose, les llamó y les indicó que bajaran a cenar...
Comió silente, picoteando su comida de pajarito, mientras observaba la asombrosa voracidad de sus hombres.
Lavando los trastos sucios, se sintió de pronto inacabada, incompleta, interrumpida en su vuelo, y se echó a llorar...
... era la hora de la viejaluna...


En el tiempo de la roja luna el joven avistaba el balcón de su amada...
...Aferrándose a la luna triste el peligro aparecía, raudo, voraz, hambriento de sueños y juventud...
Un golpe, una llamada, un cuerpo roto... el niño salió volando por los aires desde el vientre de su nave como una cometa rota, roja, rota, tonta, rota, rota, rota...
La niña que le esperaba quiere llegar a su lado, se va flotando, se eleva y vuela, vuela, vuela...
Era la hora de la angustia luna, cuando los cuerpos estrellados se encontraron en la luz...


¿Estás ahí? ... La pregunta cuelga en el aire como la ropa en el cuarto, acabada de lavar, mientras la ausencia, fría como la luna, va comenzando a extenderse por doquier...
Intrigado, el hombre se acerca temeroso, de saber, de mirar, de encontrar el secreto para el que no se preparó, angustiado por no poder decir, por no poder expresar, por ya no poder sentir, mientras bajo la sombra de la cuerda luna una figura se mece, como las estrellas sobre el mar.
Bajo la luna,
sola,
dulce, quieta, triste,
obscura luna,
el hombre se pregunta que pasó, se debate
entre la angustia,
mustia,
sucia,
que frustra...