jueves, diciembre 01, 2005

HISTORIA DE UN CHORO



Despertaba el día. Los ruidos de la calle poco a poco se hacían sentir en la habitación, obscura por el humo de los cigarrillos, iluminada a medias por una ampolleta sucia que colgaba desde el techo.
Sentado ante una mesa, el hombre despaciosamente afilaba su cuchillo, mientras por su mente discurrían pensamientos turbios, como su vida entera...
¡Qué se creía el desgraciado! Venir a levantarle la voz, delante de todo el mundo, como si él no fuera el famoso “Loco García”, el terror del Puerto...
Su fama ganada a pulso, a golpes y cuchilladas, exigía mantenerla a costa de sangre, y no precisamente de la suya...
Se levantó de la silla y acercándose a la ventana, rebuscó en sus bolsillos el último cigarrillo trasnochado, cogió una cerilla y lo encendió, aspirando profundamente el acre humo barato...
...¡Y todo por la ex pierna del “Pelao”!, la puta que se vino a enredar con un “flaite” al que no conocía nadie, que no tenía ningún “cartel” que lo avalara, al increpó por la audacia de aparecerse con ella en sus dominios... no podía hacer menos por su compadre, su hermano...
Se acercó a la mesa nuevamente y de un pequeño paquete sacó una porción de droga; con una tarjeta tan ajada como su vida la alineó y con la ayuda de una bombilla aspiró hasta el fondo, sintiéndose despierto y consciente una vez más.
Desde el jergón que ampulosamente llamaba cama surgió la voz soñolienta de la mujer preguntando que pasaba.
— ¡Y a vos que te importa, andai sapeando siempre! ¡Duérmete nomás y deja que yo me las arregle solito! , respondió iracundo.
Bebió un sorbo del licor que quedaba en un sucio vaso sobre la mesa, y miró nuevamente la hora... ya debía estar saliendo la gente del clandestino, era tiempo de actuar, de defender su cartel de guapo delante de todos.
Se enfundó en una chaqueta que le embozaba el rostro, ocultó el cuchillo en la cintura, por la espalda y abandonó la pieza, haciendo oídos sordos a las quejas de su mujer, bajando rápidamente las antiguas y crujientes escaleras del cité.
El aire frío le golpeó el rostro como un castigo al llegar a la calle, mientras entornaba los ojos para acostumbrarlos a la claridad que aumentaba por momentos; orientándose brevemente, caminó hacia el lugar desde donde sabía que aparecería el insolente...
De una vieja puerta entornada surgía un rumor de voces que se acercaba, ahí venían... por costumbre se persignó, por si acaso, no fuera cosa que las cosas no salieran como debían y se preparó, desabrochando la chaqueta para tener libertad de acción.
El grupo salio de la casona desvencijada y se encontró de golpe con él, destacándose entre ellos un hombre joven y fornido, que sin evidenciar temor le plantó cara:
— ¿Qué pasa compadre, algún problema? Mientras el resto retrocedía despejando el área del enfrentamiento...
— ¡A vos te busco poh! ¿Creís que me faltai el respeto y seguís tan campante?... Su voz áspera y agresiva hizo la primera finta de la inminente pelea... Su rival, despaciosamente, dijo:
— ¿De que hablai? Fuiste vos el que te metiste en cuestiones ajenas, el problema no es contigo...
Mientras el hombre hablaba, fruto de largos años de mañas, el “Loco García” sacó de entre sus ropas el cuchillo y se lanzó hacia él, sin percatarse de la finta con que rápidamente, como quien acostumbra a escabullirse, su enemigo hurtó el cuerpo, sacó un arma de fuego, y sin mirar donde apuntaba apretó el gatillo...
Por un momento el único sonido de la calle fue el eco reverberante del disparo, mientras el “Loco” lentamente se deslizaba hacia el suelo, agonizante, incrédulo, sintiendo la vida escaparse por la mortal herida inferida por el recién aparecido, que cortaba para siempre su carrera de choro del puerto.

2 comentarios:

Daniel Cucchi dijo...

Interesante relato. Desde el principio se presenta como la crónica de una muerte anunciada. El malevo se nos pinta como un perdedor a corto plazo.
Aborda temas centrales al mostrarnos características de una cultura machista típica del bajo fondo, aunque no sea solo propiedad de esta clase de personas. Nuestras sociedades latinoamericanas muestran en los periódicos ejemplos diarios de esas peculiaridades:
Existencia de mujer trofeo, aceptado por el “dueño” como por la “trofeo”.
Sobrevaloración de la amistad, sobrevaloración enfermiza que lleva a matar o morir por ofensas al amigo, ofender a un amigo es ofenderme a mí, piensa nuestro malevo.
Maltrato a la mujer propia, especialmente si no es considerada trofeo.
Droga y Alcohol.
Amén de todo esto, aprendí un término nuevo, Flaite.

lita.guardiola.blogspot.com dijo...

Flaite...termino chileno, describe a personas de baja extracción, que hablan mal, aparte, utilizando términos del coa, no necesariamente delincuentes, aunque abundan en ese subgrupo, que visten de manera chillona y ostentosa, ordinarios pero derrochando dinero...algo así