jueves, diciembre 01, 2005

GAETE

... Con mano vacilante dejó el vaso sobre la mesa, bañada ya por el derrame de muchas copas anteriores, del cenicero repleto de colillas tomó un cigarro a medio fumar y aspiró lentamente, intentando recordar algo que sabía importante, pero la bruma de la embriaguez oscurecía su memoria, dejándole solo retazaos, imágenes aisladas de lugares y situaciones ya muy lejanas.
Volvió a tomar el vaso y con un sorbo largo apuró el resto el brebaje que contenía, sintiendo como el quemante licor bajaba por sus entrañas dejándole una falsa sensación de bienestar, que por un momento compensó el profundo sentimiento de vacío que le embargaba.
preo, ¿Por qué se sentía tan mal, tan sólo?¿Por qué sentía ese vacío tan hondo, tan grande y terrible?
Sabía la respuesta, pero su mente embrutecida se negaba a entregársela...
- ¡Hola pos flaco!¿Cómo estai?...
La aguda voz de una mujer elevándose por sobre el estruendo de la música lo sacó de su abstracción; por entre los párpados pesados por el alcohol reconoció a una amiga, de esas leales compañeras de jaranas y trasnoches que salían con él, e intentó levantarse para saludarla, pero su cuerpo alcoholizado lo traicionó, haciéndolo tambalear hasta casi caer.
- ¡Puchas que esti mal, flaco! Parece que pasaste de largo otra vez. Pero no te preocupís ¿Sabís? me conseguí una cosita "manjar de los dioses" que te va a dejar paraíto... Parece que te está haciendo falta un "guaracazo"... Toma...
...Ansiosamente se dejó llevar por una costumbre ya antigua y extendió la mano para recibir la droga que necesitaba... Aspiró fuerte...No estaba mal...
su cuerpo enviciado de adicto absorbió el veneno que lo minaba lentamente con la misma rapidéz con que el suelo yermo y reseco del desierto absorbe el agua que le da vida...Sintió como se alejaban sus problemas e incorporándose y con voz más firme llamó:
-¡Mozo! Dos tragos, uno para mi mejor amiga y otro para mí, porque pa que veái todavía queda en este mundo gente que lo quiere a uno... ¡ Esta sí que es mi amiga!
Y sentándose nuevamente volvió a su eterno monólogo sobre las cualidades de la coca, como hacía cada día, cada noche (desde queElla lo dejó con su libertad y se fue) pasando así las horas muertas que lo acercaban a su triste y anunciado final, mientras la música en el bar dejaba oir a Redolés que repetía:
"Quién mató a Gaete,el copete, el copete; quién mató a Gaete, el carrete, el carrete..."

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